Problemas con la asistencia
El
problema de la asistencia incluye el absentismo y también el llegar tarde. Los problemas de asistencia se han convertido
en un serio inconveniente que puede provocar el despido por causa justificada.
Si
no se resuelven correctamente los problemas de asistencia, la productividad del
empleado puede disminuir y la moral del grupo padecer, ya que los que acuden al
trabajo se ven forzados a aumentar sus esfuerzos para compensar que ciertas
personas evitan sus responsabilidades.
Algunas
veces los empleados no acuden al trabajo, o llegan tarde, por razones legítimas
(por ejemplo, por enfermedad, problemas de los hijos, problemas meteorológicos,
o creencias religiosas). Los directivos deben identificar a los empleados que
tienen razones legítimas y tratarles de forma distinta de cómo tratan a
aquellos que llegan tarde o no van al trabajo de forma sistemática.
Cuando
se disciplina a un empleado por problemas de asistencia, los directivos y/o el
departamento de Recursos Humanos tienen que tener en cuenta varios factores:
¿Las
normas de asistencia son razonables? Las normas de asistencia deben ser lo suficientemente
flexibles como para que se permita que se produzcan circunstancias de emergencia
o improvistas, que la mayoría de los empleados experimenta de vez en cuando, incluyendo
vacaciones religiosas o culturales celebradas por una fuerza laboral diversa.
La mayoría de las empresas resuelve esta cuestión mostrando flexibilidad cuando
un empleado notifica que está padeciendo una situación de emergencia o una
enfermedad. ¿Ha sido advertido el empleado de las consecuencias de sus
problemas de asistencia?
Esto
podría ser particularmente importante cuando un empleado no es consciente de la
flexibilidad temporal que tiene para informar en el trabajo.
¿Hay
circunstancias atenuantes que habría que tener en cuenta? Algunas veces hay que tener en cuenta circunstancias especiales. Estas circunstancias incluyen el
historial laboral, la antigüedad en la empresa, el motivo de la ausencia y la
probabilidad de que mejore la asistencia
Los
directivos tienen que ser conscientes de los patrones de faltas de asistencia
en su unidad laboral. El absentismo sistemático, o el llegar tarde sistemáticamente,
pueden ser un síntoma de que se está evitando el trabajo.
Los
empleados pueden evitar acudir a su trabajo porque sus compañeros son
desagradables, el trabajo no motiva, tienen problemas para equilibrar sus
necesidades laborales y familiares, o existe una mala supervisión. Un planteamiento
disciplinario no es la mejor forma de abordar este tipo de absentismo.
Sería
mejor que directivo, o la empresa, busque la manera de cambiar el entorno
laboral. Las soluciones posibles a las situaciones en que se evita el trabajo
consisten en volver a diseñar los puestos e trabajo o, cuando el problema se ha
generalizado, reestructurar la organización.
Problemas de insubordinación
La
insubordinación, que implica la negación de un empleado a obedecer una orden
directa de un supervisor, es un desafío directo al derecho de la dirección de
dirigir la empresa. La insubordinación también se produce cuando un empleado agrede
verbalmente a un supervisor. La disciplina ante la insubordinación suele
variar en función de la seriedad de la insubordinación y la existencia, o no,
de factores atenuantes. Los factores atenuantes incluyen el historial laboral
del empleado, su antigüedad y si fue provocado por una agresión verbal por parte
del supervisor.
Para
justificar las medidas disciplinarias contra un empleado por insubordinación,
los directivos deberían documentar lo siguiente:
(1)
el supervisor dio una orden directa al subordinado, ya sea verbalmente o porescrito; y
(2) el empleado se negó a obedecer la orden, ya sea verbalmente o simplemente no haciendo lo que se le había pedido. Las medidas disciplinarias
por la primera muestra de insubordinación van desde aplicar la primera etapa de
un procedimiento disciplinario progresivo hasta la inmediata suspensión o el
despido.
Sin
embargo, existen dos excepciones que permiten que un empleado desobedezca una orden directa: las actividades ilegales y las
cuestiones de seguridad.
Para
que la insubordinación sea aceptable, el empleado debe tener una «causa
razonable» para temer por su seguridad, por ejemplo, saber que el camión que
se le ha ordenado llevar tiene los frenos defectuosos.
Puesto
que los castigos por insubordinación son muy severos, las empresas deberían
crear sistemas y culturas internas (políticas de puertas abiertas, sistemas de
apelación) que permitan los empleados apelar las acusaciones de comportamiento
insubordinado.
Los
castigos legales v pecuniarios a las empresas que se niegan a escuchar las
razones por las que se han insubordinado los empleados pueden ser muy severos.
Los directivos deben tratar de asegurarse de que las acusaciones de
insubordinación no se están utilizando para proteger su propio comportamiento
ilegal o poco ético.
Por
ejemplo, un supervisor que acusa de insubordinación a un empleado puede estar
intentando obligar a alguien que se opone al comportamiento ilegal del
supervisor. Las empresas que ignoran estas señales de problemas pueden
encontrarse con que un pequeño problema se ha convertido en una situación muy
difícil y/o cara.