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¿Cómo vender nuestras ideas con convicción?

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Muchas veces tenemos que presentar nuestros proyectos a nuestros jefes o hastala Junta Directiva de la empresa.

Sin embargo, en ocasiones nos quedamos cortos de palabras y no sabemos qué decir.

Cuando esto sucede, resulta muy difícil poder convencer a los demás y nuestras ideas son postergadas y hasta ignoradas

Para evitar esta situación, existen recomendaciones que ayudan a desarrollar e incorporar la habilidad de la persuasión en nuestro trabajo el cual es fundamental para ganar el respeto ajeno y fortalecer nuestra autoestima.

A continuación, varias medidas que se pueden adoptar.

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Recomendaciones que ayudan a vender nuestras ideas

Conocer a quien estamos exponiendo nuestro proyecto o a quien le estamos vendiendo nuestras ideas. No se puede tratar a todas las personas por igual ni esperar que respondan de forma similar. Es importante saber ¿Cómo es la otra persona al que le hablamos? ¿Qué forma de ser tiene? ¿Qué necesidades muestra? Al captar la personalidad de nuestro interlocutor, podemos saber en qué forma debemos manejarnos.

Buscar los “puntos débiles” No se trata de apuntar a las carencias de la persona, sino a tratar de entender qué es lo que moviliza a esa persona. Si, por ejemplo, hablamos con una mujer, se puede hacer un discurso con un pequeño tinte feminista para ganar su simpatía.

Mirar directamente a la otra persona. Cuando se habla, siempre se debe mirar a los ojos del otro, en forma cordial y amistosa. Las personas que esquivan el contacto visual, muestran un claro signo de inseguridad. Por ello, si se trata de convencer, es necesario que nuestros ojos busquen a los de nuestro interlocutor y que permanezcan siempre al mismo nivel.

Mantener el límite Es mejor no invadir el espacio vital de la otra persona, ya que puede sentirse agobiada lo cual puede ser contraproducente a la hora de convencer. Siempre es importante observar primero si existe cierto grado de aceptación. Por ello, se aconseja realizar un gesto sutil como una ligera palmada en el hombro.

Eliminar el exceso de teatralidad Los gestos muy dramáticos tienden a irritar porque impiden que la otra persona se relaje. Por esa razón, se requiere mostrarse desenvuelto, pero a la vez tranquilo para que, quien nos escucha, también adopte una postura relajada.

Usar la memoria A todas las personas nos gustan que nos hablen y sepan nuestro nombre, en especial si no nos conocen. Por eso, antes de iniciar una charla, conviene “grabarse a fuego” los datos de nuestro interlocutor, ya que esto puede ser decisivo en la aceptación que logremos.

Programar la respuesta de forma tal que se crea un clima de sí. Si se le formula muchas preguntas a quien tratamos de convencer, orientadas a que responda afirmativamente, cuando llegue el momento decisivo, la persona seguramente dirá un “sí”, ya que, según algunos estudios científicos, el cerebro, luego de muchas afirmaciones, tiende a seguir el mismo camino y no cambia fácilmente a la negación.

Apelar a la masa Éste es un recurso muy efectivo. A nadie le gusta sentir que no pertenece al mismo rebaño. Por ello, se pueden apoyar los dichos en frases como: “la mayoría de la gente opta por eso” o “no solamente yo lo creo, sino todas las personas con quienes hablo a diario”.

Ir directamente “al grano” Si queremos vender nuestra idea o proyecto no debemos dar rodeos ni ir por las ramas. Por el contrario, es necesario ser conciso y centrarse sólo en lo que interesa mostrar. Los detalles nimios o dar demasiada información accesoria, terminan aburriendo y provocan la falta de interés de quien escucha.

Embellecer el discurso Si la idea que se desea presentar no es el más ameno, es necesario empezar la charla con uno que sí lo sea. Por ejemplo, si el interlocutor es aficionado a la jardinería, se puede comenzar haciendo un comentario sobre plantas. Esto hará que la persona se suelte y se sienta más cómoda, predispuesta a escuchar.

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¿Cómo saber si estamos siendo aceptados?

Una forma para saber si estamos siendo convincentes con alguien consiste en sentarse a la mesa frente al otro y tomar un objeto personal, como, una llave o un lapicero y dejarlo del lado del interlocutor.

  • Si la persona lo toma y juega con él, es señal de apertura.
  • Si no lo toca, su postura es neutra.
  • Si lo devuelve hacia uno, puede haber un rechazo a nuestra idea.

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