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Los mitos del trabajo y el hogar

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Las empresas han descuidado durante largo tiempo los problemas que conciernen a la vida familiar y al desarrollo personal de los empleados. Muchas compañías se han aferrado obstinadamente a una serie de mitos y viejos prejuicios que las han llevado a desestimar la importancia de las vidas privadas de su personal.

Hasta que las empresas no comprendan las falacias de esos mitos, los empleados seguirán sintiendo el incómodo y conílictivo esfuerzo de ser leales al trabajo y a la familia, y la compañías continuarán padeciendo sus efectos. A continuación se ofrece un análisis de esos mitos y prejuicios

Mito 1: la familia es un asunto de las mujeres, y el trabajo de los hombres.

El mito de que la familia y los problemas personales son un asunto de las mujeres es algo opresivo, porque ha dado pie al prejuicio de que las  mujeres están menos interesadas en las carreras y que los hombres se interesan menos por sus familias. Detrás de este mito hay unos cuantos prejuicios.

Las madres jóvenes no deberían trabajar. La realidad económica invalida cualquier especulación filosófica al respecto: muchas madres deben trabajar para contribuir a la manutención de sus familias. Además considerar que la salud de los hijos se resiente porque una madre está ausente durante el día es una falacia evidente.

Dado el nivel de los servicios de guardería, la comunicación social con otros niños y la ayuda que eso significa para los padres, una criatura puede crecer saludable y fuerte en estas condiciones. La influencia más significativa es la calidad del afecto maternal, no una madre que está encima del niño todo el día. Además, una madre que trabaja proporciona un modelo ejemplar para los niños.

Los padres se interesan menos en la familia. Los hombres sufren silenciosamente la ausencia de un compromiso familiar, a medida que envejecen se les hace más difícil reconocer el estrés y el sentimiento de culpabilidad. Pero un hombre que acaba de tener un ataque cardíaco, que ha recibido una llamada urgente de su madre enferma, que ha escuchado los reclamos de su hija por la falta de atención o que se ha convertido en abuelo, se transforma repentinamente y está dispuesto a conversar seriamente acerca del trabajo y la familia. Ningún hombre diría en su lecho de muerte: “Hubiera querido pasar más tiempo en la oficina”. Las evidencias muestran que los problemas familiares son un asunto que trasciende la esfera de la mujer.

Dos estudios de la firma DuPont revelan que los problemas relacionados con la familia casi se duplicaron entre los hombres de 1985 a 1988. Cuando la compañía encuesto a sus 3.300 empleados varones acerca de sus actitudes hacia el cuidado de los niños, constató que el 33 % estaba interesado en trabajar con dedicación parcial para poder responder a las necesidades de sus hijos, el 48 % quería un plan de licencias por enfermedad que contemplara tiempo libre para cuidar de los niños, y el 26 % deseaba tomar licencias después del nacimiento de un hijo.

De los 500 hombres encuestados por la firma Ro-bert Half International, más de la mitad expresó estar dispuesta a aceptar una reducción de sus salarios de hasta un 25 % para tener más tiempo para sus asuntos personales o familiares. Alrededor del 45 % dijo que rechazaría una promoción si eso significaba tener menos tiempo para pasar con sus familias.

Una carrera para las madres es la solución óptima. Algunos especialistas sugieren que las compañías deberían idear dos tipos de carreras, una para las empleadas madres y otra para las mujeres ejecutivas. (Un estudio informa que las carreras para las madres ya están en vigencia, y que dos tercios de las mujeres por debajo de los 40 años que ocupan altos puestos a nivel de gestión en las más grandes compañías no tienen hijos, mientras que prácticamente todos los hombres en ese nivel ya son padres). Esta idea sugiere que para las mujeres el trabajo y la familia son recíprocamente excluyentes. Esto también implica que las políticas empresariales orientadas al desarrollo y los beneficios del personal, deberían apuntar a las mujeres presumiblemente con mayor dedicación y que no tienen hijos.

 

Mito 2: La vida equilibrada no existe

Muchas compañías consideran que la idea de tenerlo todo: un buen empleo, una familia saludable, y tiempo para los afectos y el ocio es una fantasía. También esto se apoya en muchos prejuicios falsos.

Los trabajadores compulsivos son los mas rendidores. Los efectos nocivos de la compulsión en el trabajo ilustran ampliamente que es erróneo suponer que el tiempo extra pasado en el trabajo es valioso. Todavía la gente sigue creyendo que trabajar más duro y más tiempo significa hacerlo mejor y más hábilmente. En 1989, los norteamericanos trabajaron 49 horas o más por semana, lo cual representa un aumento del 18 % con respecto a 1970, según la oficina de Estadísticas Laborales.

Sin embargo, los empleados que dedican compulsivamente largas horas a la oficina son, a menudo, menos productivos que los trabajadores no impulsivos y, conscientemente o no, deterioran el aspecto personal y familiar de sus vidas. Estos trabajadores se destacan por sus matrimonios deprimentes, los problemas de estrés, y el manejo deficiente y desorganizado de sus tareas.

El tiempo que se sustrae del trabajo es un signo de pereza. Llevada a sus extremos esta idea es la base de la compulsión excesiva por el trabajo. Esta mentalidad no sólo condiciona al individuo como esposo o padre, también limita la creatividad, el descanso y la recuperación.

Que esta idea es errónea lo demuestran muchas personas triunfadoras que han sabido utilizar ese tiempo para la familia y los intereses personales, y han intensificado su creatividad y rendimiento. Los managers que se toman tiempo fuera de sus obligaciones, descubren que se vuelven más creativos con su trabajo. Es el caso de un director ejecutivo de Apple Computer, John Sculley, que se tomó todo un verano de licencia en Mai-ne para estudiar fotografía, diseñar un establo y navegar. “Mi licencia fue una manera de recuperarme y admitir que soy un simple mortal”, concluye Sculley.

En teoría, la mayor parte de los trabajadores y em-presarios reconocen la necesidad de equilibrar sus vidas, si bien en la práctica pasan bastante tiempo comprometidos en alguno de los dos aspectos. Todas las facetas de la vida deben estar en armonía: un manager triunfador, respetado, no puede llevar una vida saludable si en el otro aspecto descuida a su esposa, deja de lado a sus hijos, o no tiene ningún interés fuera de su trabajo.

Parte del problema es que la gente no está siempre segura de cómo organizarse, y las empresas están igualmente incapacitadas, por una falta de perspectiva y de confianza para crear las condiciones óptimas parael desarrollo de su personal. Todos somos multidimensionales; tenemos intereses, intelectos y aspiraciones que forman los variados rasgos de nuestras personalidades. Pero cuando esos rasgos se vuelven desiguales y desorganizados, cuando la gente no puede lograr la expresión plena de sus aspiraciones personales y profesionales, o cuando un rasgo domina a los otros, mantiene James W. Rouse, fundador de una triunfadora e innovadora firma, la Entreprise Foundation: “Una vida plena no se logra a través del bienestar propio, sino de la integración dondequiera que uno esté”.

Los empleados necesitan desarrollar sus aptitudes tanto para el trabajo como para la vida familiar, ya que estos dos aspectos son complementarios y uno realza el valor del otro. Por ejemplo, en el trabajo, la delegación de responsabilidades, el manejo de los plazos y de las tareas en equipo, son aptitudes básicas que enseñan al personal a dominar una disciplina, programar y mane-jar una organización. En el terreno personal, muchas familias podrían beneficiarse con la aplicación de estas habilidades. ¿Quién sabe cómo manejar el desorden y la incertidumbre mejor que un padre convencional? ¿Quién es un experto para asignar responsabilidades, compartir, cooperar y equilibrar las diferentes necesidades de los componentes de una familia?

Tolerancia, afecto y respeto son las piedras angulares de una que paternidad sana que pueden servirle a un individuo en el ámbito laboral.

Para equilibrar estas  dos identidades, debe aprender antes a reconocerlas en usted mismo, y luego arbitrar los medios para manejarlas con eficacia.

 

 

 

 

 

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