Cómo destacar en la práctica profesional: qué se recuerda y qué llevarse al salir
Lo que se recuerda de alguien en prácticas no es su talento: es si había que repetirle las cosas, si avisaba cuando algo se retrasaba y si su trabajo necesitaba corrección. Las tres se pueden decidir, y son las que determinan si vuelven a llamarle.
Qué es una práctica y qué no
Una práctica formativa es una estancia en una organización cuya finalidad es el aprendizaje, vinculada a un programa educativo mediante un convenio entre el centro y la entidad. Su rasgo definitorio es que existe un proyecto formativo: unas actividades previstas, con un tutor que las supervisa a cada lado.
Lo que no es: un puesto de trabajo barato. Cuando la persona desempeña las funciones de un cargo ordinario, con su horario y su responsabilidad, sustituyendo a un trabajador y sin contenido formativo real, lo que hay es una relación laboral encubierta con las consecuencias que le corresponden.
Esa distinción no es teórica: determina qué se puede exigir. Y la primera cosa exigible es la que más se incumple —que haya un proyecto formativo y un tutor que lo siga—.
Marco legal en España
El marco cambió de forma sustancial y conviene conocerlo, porque afecta a derechos concretos.
Cobertura de Seguridad Social. El Real Decreto 577/2023 incluyó en el sistema de la Seguridad Social todas las prácticas formativas, remuneradas o no, con obligación de alta por parte de la entidad —o del centro, según el caso— y con reglas propias de cotización y bonificación. Antes de esa norma, buena parte de las prácticas no remuneradas quedaban fuera del sistema.
Convenio de cooperación educativa entre el centro y la entidad, con proyecto formativo, duración, jornada y actividades. Debe existir por escrito y la persona en prácticas tiene derecho a conocerlo.
Doble tutoría: un tutor en la entidad y otro en el centro formativo. El del centro es, en la práctica, la vía más eficaz de reclamación cuando algo no se cumple, porque es parte del convenio y tiene interés directo en que se respete.
Prevención de riesgos y protección de datos con las mismas obligaciones de información que para cualquier persona que preste servicios en el centro de trabajo.
Las disposiciones que van modificando esta materia se publican en el boletín oficial y se recogen en seguimiento de la normativa laboral.
Las primeras semanas
Tres cosas que conviene resolver pronto y que casi nadie plantea.
Qué se espera al final del periodo. Preguntado en la primera semana, obliga a que alguien lo piense; preguntado al final, ya no sirve de nada. Si no hay respuesta, hay una señal sobre cómo será la estancia.
Quién es el contacto para preguntas elementales, distinto de quien supervisa. Evita el patrón habitual: la persona en prácticas no pregunta por no molestar y entrega tarde o mal.
Cómo circula el trabajo, que en dos semanas de observación se aprende mejor que en cualquier explicación. Con quién hay que hablar antes de hacer qué, y qué normas no escritas rigen.
Y un hábito con más efecto del que parece: llevar un registro propio de qué se hizo cada semana. Sirve para el certificado final, para el currículum, y para descubrir a mitad del periodo que se está haciendo siempre lo mismo, que es información útil mientras hay tiempo de cambiarlo.
Qué se recuerda de alguien
Preguntando a quien supervisa prácticas qué distingue a la persona a la que después se llama, las respuestas convergen en tres cosas y ninguna es la brillantez.
Que no haya que repetir las cosas. Tomar nota y no volver a preguntar lo mismo la semana siguiente. Es lo más citado y lo más fácil de cumplir.
Que avise cuando algo se va a retrasar, antes del plazo y no después. Un aviso a tiempo se gestiona; un incumplimiento comunicado el día siguiente ya no.
Que lo entregado no necesite corrección por descuido: nombres bien escritos, cifras revisadas, formato coherente. Quien entrega trabajo que hay que rehacer consume más tiempo del que ahorra, y eso se recuerda con precisión.
A esas tres se añade una cuarta que aparece siempre y suele malinterpretarse: preguntar bien. No preguntar poco —eso produce errores— sino agrupar las dudas y haber intentado resolverlas antes. «He probado esto y no funciona, ¿voy por buen camino?» y «¿cómo hago esto?» son dos peticiones muy distintas.
Sacar aprendizaje de una práctica pobre
Ocurre con frecuencia: se llega y no hay trabajo preparado, o el trabajo es repetitivo y sin contenido. La respuesta habitual es esperar, y hay dos alternativas mejores.
Documentar un proceso que nadie ha documentado. En cualquier organización existe algo que solo sabe hacer una persona y no está escrito. Proponerse escribirlo tiene tres ventajas: se aprende el proceso a fondo, se produce algo que queda, y no compite con el trabajo de nadie —por lo que casi nunca se rechaza—.
Proponer un producto pequeño y útil: un análisis de datos que ya existen, una revisión de algo que nadie ha revisado, una plantilla que ahorre trabajo repetido. Pequeño y terminable dentro del periodo.
Ambas cosas convierten un periodo vacío en algo demostrable, que es exactamente lo que hará falta en la primera entrevista posterior: la entrevista de trabajo.
La salida: lo que hay que llevarse
Tres cosas que se conceden con facilidad el último día y son muy difíciles de conseguir seis meses después.
El certificado de la práctica con periodo, funciones y proyecto realizado. Documenta los hechos objetivos y sirve para acreditar experiencia.
Una referencia con nombre y contacto de quien supervisó, avisada y con el detalle de qué conviene que destaque. Es el activo más valioso de toda la práctica: referencias laborales.
El contacto mantenido. No una conexión en una red: un trato que permita escribir dentro de un año. La mayoría de las primeras oportunidades reales llegan por esta vía, y el mecanismo —el aviso temprano de una vacante que aún no se ha publicado— está en cómo encontrar trabajo utilizando una red de contactos.
Y una cuarta, para el propio archivo: copia de lo producido, cuando no sea información confidencial de la organización. Es la evidencia que después no se puede reconstruir.
Cuando la práctica encubre un puesto
Los indicios son concretos: se desempeñan las funciones completas de un puesto ordinario; se sustituye a una persona que se fue; no hay proyecto formativo ni tutor efectivo; el horario y la responsabilidad son los de cualquier trabajador; y las tareas no guardan relación con la formación que se dice estar completando.
Con esos indicios, lo que existe es una relación laboral y puede reclamarse como tal, con las consecuencias correspondientes en cotización y en derechos.
Las vías, en orden: el tutor del centro formativo, que es parte del convenio y suele resolver sin conflicto porque su institución tiene interés en que el programa funcione. Y si no, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, que admite denuncia y puede presentarse de forma anónima.
Lo que conviene hacer desde el primer día en cualquier caso: el registro semanal de tareas reales. Es la prueba, y es lo único que no puede reconstruirse a posteriori.
Preguntas frecuentes
¿Están las prácticas cubiertas por la Seguridad Social en España?
Sí. Desde el Real Decreto 577/2023 todas las prácticas formativas, remuneradas o no, están incluidas en el sistema de la Seguridad Social, con obligación de alta y con reglas específicas de cotización y bonificación.
¿Debe haber un tutor asignado?
Sí. El convenio de cooperación educativa debe prever un tutor en la entidad y otro en el centro formativo, y un proyecto formativo con las actividades a realizar. Su ausencia es un incumplimiento del propio convenio.
¿Puede una práctica cubrir un puesto de trabajo?
No. La finalidad es formativa; si la persona desempeña las funciones de un puesto ordinario, con su horario y su responsabilidad, y sustituyendo a un trabajador, se trata de una relación laboral encubierta y puede reclamarse como tal.
¿Qué se recuerda de un becario?
Tres cosas: si hay que repetirle las cosas, si avisa cuando algo se va a retrasar y si el trabajo entregado necesita corrección. Ninguna tiene que ver con brillantez, y las tres deciden si se le llama después.
¿Conviene preguntar mucho?
Conviene preguntar bien: agrupar dudas en lugar de interrumpir cinco veces, y haber intentado resolverlo antes. Una pregunta que muestra el intento previo se recibe de forma completamente distinta a una que traslada la tarea.
¿Qué se pide al terminar?
Un certificado de la práctica con funciones y periodo, una referencia con nombre y contacto de quien supervisó, y el contacto directo mantenido. Las tres cosas se conceden casi siempre en el último día y son muy difíciles de conseguir seis meses después.
¿Cómo se aprovecha una práctica donde no hay trabajo real?
Documentando un proceso que nadie ha documentado, o proponiendo un producto pequeño y útil que quede. Es lo único que convierte un periodo vacío en una evidencia demostrable, y es una vía que suele aceptarse porque no compite con nadie.
¿Se puede reclamar si la práctica no cumple?
Sí. La primera vía es el tutor del centro formativo, que es parte del convenio y tiene interés en que se cumpla. Ante indicios de relación laboral encubierta, la Inspección de Trabajo admite denuncia y puede presentarse de forma anónima.
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Redacción de rrhh-web.com. «Cómo destacar en la práctica profesional: qué se recuerda y qué llevarse al salir». rrhh-web.com, revisado el 30 de julio de 2026. https://www.rrhh-web.com/Como_destacar_en_la_practica_profesional.html