En esta página
  1. Qué es y qué decide
  2. La llamada inesperada
  3. La carpeta de treinta segundos
  4. Lo que se transmite sin imagen
  5. Las cuatro preguntas que llegan
  6. El salario en la primera llamada
  7. El cierre
  8. Preguntas frecuentes
Empleo y vida laboral

La entrevista telefónica: qué evalúa realmente y cómo se prepara

La llamada de criba no es una versión abreviada de la entrevista principal: es otro instrumento, con otra finalidad. Sirve para descartar, no para elegir, y prepararla como si fuera lo segundo es la causa de la mayoría de los tropiezos en esta fase.

Redacción de rrhh-web.com Última revisión: 8 secciones

Qué es y qué decide

Una criba telefónica comprueba tres cosas, y ninguna es la capacidad para el puesto. Que el historial coincide con lo declarado. Que las condiciones básicas encajan: disponibilidad, ubicación, expectativa económica, plazo de incorporación. Y que la persona se expresa con cierto orden, que en la mayoría de los puestos es un requisito real.

De esa finalidad se derivan dos consecuencias prácticas. La primera: no se gana nada en esta llamada, solo se pierde. Nadie contrata por una criba telefónica; se descarta. La segunda: las respuestas útiles son cortas y concretas, porque quien llama tiene una lista de comprobación y no una escala de valoración.

Quien llama suele ser del área de personal o de una consultora, no la persona que dirigirá el puesto. Eso significa que las preguntas técnicas profundas no van a llegar y que las respuestas excesivamente especializadas no se van a valorar —a veces ni se van a entender, sin que eso sea un defecto de nadie—.

El conjunto del proceso, con los formatos que vienen después, está en la entrevista de trabajo.

La llamada inesperada

Es el escenario habitual: llaman sin avisar, en la calle, entre dos tareas, o cuando ya no se recuerda a cuál de las quince ofertas enviadas corresponde ese número.

La respuesta correcta es pedir veinte minutos. «Estoy en un sitio con ruido, ¿puedo devolverle la llamada en veinte minutos?» No resta nada, es lo que hace cualquier profesional ocupado, y esos veinte minutos permiten localizar la oferta, el currículum enviado y un sitio en silencio.

Lo que sí resta es sostener la conversación en malas condiciones: no recordar la oferta, confundir la empresa con otra, responder a medias mientras se busca un portal donde apuntarse. Ese es el momento en que se cierra una candidatura que estaba viva, y es evitable con una frase.

Esto tiene una implicación sobre el volumen: quien tiene cuarenta candidaturas abiertas no puede reconstruir ninguna en veinte minutos. Es una de las razones concretas por las que el envío masivo rinde tan poco: lo que no debe hacer al buscar un empleo.

La carpeta de treinta segundos

Esta es la única entrevista en la que se puede consultar material sin que se note, y desperdiciar esa ventaja es el error más gratuito del formato. Lo que conviene tener localizable en treinta segundos:

El registro de candidaturas: a qué se optó, con qué documento, en qué fecha. Sin él, la llamada empieza con una desventaja que no se recupera.

El currículum enviado —el enviado, no otra versión— para que las fechas y las denominaciones que se digan coincidan exactamente con lo que la otra persona está leyendo.

La oferta, porque las preguntas salen de ahí y porque permite usar su mismo vocabulario.

El intervalo salarial con su referencia, resuelto de antemano. Es el dato que más se improvisa y donde más margen se pierde.

Cuatro o cinco líneas con la trayectoria en dos minutos, no memorizadas: como recordatorio del orden. Leer una respuesta se oye; tener el hilo delante, no.

Lo que se transmite sin imagen

Al desaparecer la imagen, la voz carga con todo lo que en una conversación presencial se reparte. El ritmo, las pausas, el volumen y la claridad de articulación determinan la impresión de orden, y esa impresión es parte de lo que se está comprobando.

Dos ajustes con mucho efecto y ningún coste. Hablar de pie, que modifica la respiración y la proyección de la voz de forma perceptible. Y hablar algo más despacio de lo natural, porque sin retroalimentación visual nadie sabe si el otro está siguiendo, y la tendencia natural es acelerar.

Y una regla que en teléfono importa más que en cualquier otro formato: dejar terminar. Al no verse las caras, las interrupciones se producen con mucha más frecuencia, y una conversación con solapamientos continuos produce una impresión de desorden que nada tiene que ver con lo que se dijo. La evidencia sobre lo que realmente se transmite por la voz —y lo que no— está en comunicación no verbal.

Las cuatro preguntas que llegan

«Cuénteme brevemente su trayectoria.» Dos minutos, en orden, terminando en el presente y en por qué esta conversación. La palabra clave es brevemente: en criba, el relato de ocho minutos es un problema en sí mismo.

«¿Por qué le interesa este puesto?» Comprueba si la candidatura es específica o es un envío más. Aquí se nota de inmediato si la oferta se ha leído.

«¿Cuál es su situación actual y su disponibilidad?» Datos: si se trabaja, qué preaviso corresponde, en qué plazo se podría incorporar. El preaviso lo fija el convenio y conviene saberlo antes de la llamada: cómo renunciar en buenos términos.

«¿Qué expectativa económica tiene?» La siguiente sección.

Lo que no suele llegar en una criba: preguntas de competencias con situaciones concretas. Esas llegan después, y prepararlas para esta llamada es prepararse para la conversación equivocada: preguntas de entrevista de trabajo.

El salario en la primera llamada

Se pregunta casi siempre en la criba precisamente porque funciona como filtro: es más barato descartar por incompatibilidad económica ahora que después de tres entrevistas.

La secuencia que funciona: devolver primero la pregunta —si hay una banda prevista para el puesto— y, si insisten, dar un intervalo con la referencia en la que se apoya. Un intervalo con referencia es una posición; una cifra suelta es un techo que se acaba de fijar en el peor momento posible del proceso, cuando el valor atribuido a la candidatura es todavía una suposición.

Y una advertencia sobre el suelo del intervalo: es la cifra que se va a oír. Nombrar un suelo que en realidad no se aceptaría produce exactamente una oferta ahí. El desarrollo completo, con las referencias disponibles y las fórmulas, está en el salario en la entrevista de trabajo.

El cierre

Dos preguntas y un correo.

Cuál es el paso siguiente y en qué plazo. Fija la espera, evita el seguimiento prematuro y traslada que la persona lleva la cuenta del proceso.

Una sola pregunta sobre el puesto que no pueda responderse leyendo la oferta. Una basta en este formato: la criba es corta y las cuatro preguntas preparadas corresponden a la entrevista principal.

Y después, un correo de tres líneas el mismo día: agradecimiento, una referencia concreta a algo que se trató, y disponibilidad para el paso siguiente. Cumple una función poco obvia y útil: deja constancia escrita de que la conversación existió, con fecha, en un proceso que a menudo pasa por varias manos. Uso correcto del correo electrónico trata cómo se escribe para que se lea.

El entorno desde el que se atiende

Conviene fijar el lugar antes de la hora: sitio cerrado, cobertura comprobada y el currículum delante. Atenderla en la calle es la causa más frecuente de que una candidatura no pase esta fase.

Preguntas frecuentes

¿Qué se evalúa en una entrevista telefónica?

Tres cosas y ninguna es la aptitud: que el historial coincide con el currículum, que las condiciones básicas encajan —disponibilidad, ubicación, expectativa económica— y que la persona se expresa con orden. Es un filtro, no una evaluación.

¿Cuánto dura?

Entre quince y veinticinco minutos. Si se alarga bastante más, suele indicar interés real y que la conversación ha dejado de ser una criba.

¿Qué se hace si llaman en mal momento?

Pedir llamar en veinte minutos. Es normal, no resta nada y evita la peor conversación posible: la que se sostiene en la calle, sin la oferta delante y sin recordar a qué empresa se optó.

¿Conviene tener el currículum delante?

Sí, y también la oferta. Es la única entrevista en la que se puede consultar material sin que se note, y no aprovecharlo es desperdiciar la única ventaja del formato.

¿Hay que decir la pretensión económica en la primera llamada?

Se pregunta casi siempre porque sirve de filtro. Conviene devolver primero la pregunta por la banda prevista para el puesto; si insisten, dar un intervalo con la referencia en la que se apoya, no una cifra suelta.

¿Se puede tomar notas?

Conviene: nombre de quien llama, plazo indicado, paso siguiente y cualquier detalle del puesto que no estuviera en la oferta. Sirve para el correo posterior y para no volver a preguntar lo mismo.

¿Influye el tono de voz?

Sin imagen, la voz carga con todo: el ritmo, las pausas y el volumen determinan la impresión de orden y de seguridad. Hablar de pie y algo más despacio de lo natural son los dos ajustes con más efecto y menos coste.

¿Qué se pregunta al final?

Cuál es el paso siguiente y en qué plazo. Y una sola pregunta sobre el puesto que no pueda responderse leyendo la oferta: basta una para dejar constancia de que la candidatura es específica.

Cómo citar esta página

Redacción de rrhh-web.com. «La entrevista telefónica: qué evalúa realmente y cómo se prepara». rrhh-web.com, revisado el 30 de julio de 2026. https://www.rrhh-web.com/entrevista_telefonica.html