Artículos de gestión empresarial: organización, dirección y control de la actividad
Las decisiones de gestión que condicionan la función de personal. Una estructura mal definida no produce un problema de organigrama: produce puestos que no pueden describirse y salarios que no pueden explicarse.
La frontera entre gestión empresarial y administración de recursos humanos es menos nítida de lo que los índices de los manuales sugieren. Definir la estructura de una organización es una decisión de gestión, y de ella depende que los puestos puedan describirse con precisión; ordenar los cargos según su contribución es una operación de recursos humanos, y su resultado condiciona la estructura de costes.
Estas entradas se ocupan del lado de la gestión, con la vista puesta en ese punto de contacto: qué decisiones sobre organización, dirección y control determinan después lo que la función de personal puede o no puede hacer.
Lo que sigue ordena ese punto de contacto por decisiones, porque es así como aparecen en la práctica: primero se decide cómo se agrupa el trabajo, después quién responde de qué, y solo al final se mide. Invertir el orden —empezar por los indicadores— es el motivo más frecuente de que un cuadro de mando no cambie nada.
La estructura se decide antes del organigrama
Un organigrama no es una decisión: es el dibujo de una decisión ya tomada. La decisión real consiste en elegir cómo se agrupa el trabajo, y solo hay tres criterios posibles: por función, por producto o por territorio. Cada uno resuelve un problema y crea otro. Agrupar por función concentra la especialidad y hace lenta la coordinación entre áreas; agrupar por producto acelera la respuesta y duplica funciones de apoyo; agrupar por territorio acerca la decisión al cliente y multiplica las versiones de un mismo procedimiento. No existe la opción sin coste, y buena parte de las reorganizaciones consisten en cambiar de criterio para descubrir el inconveniente del criterio nuevo.
La consecuencia sobre la función de personal es directa y suele advertirse tarde. Cuando el criterio de agrupación no está decidido con claridad, los puestos no se pueden describir: las funciones se solapan, dos personas responden de lo mismo con distinto nombre y ninguna responde de lo que queda entre ambas. Ese es el síntoma que se atribuye al organigrama cuando en realidad procede de la estructura, y está tratado en por qué falla la estructura de una empresa.
De la estrategia a la plantilla
Una estrategia se enuncia en términos de mercado y se ejecuta en términos de personas. El paso intermedio —cuántas, con qué cualificación, en qué plazo y a qué coste— es donde se interrumpe con más frecuencia, porque exige traducir una intención en una cifra que alguien tendrá que sostener en un presupuesto. Un plan que no llega a ese nivel de concreción no ha terminado de formularse, aunque esté aprobado. El tratamiento completo, con los obstáculos que aparecen en esa traducción, está en planeación estratégica de recursos humanos y sus obstáculos y en planeación.
El error simétrico también existe: dimensionar la plantilla a partir de la del año anterior corregida al alza o a la baja. Es cómodo porque siempre da un número defendible, y es inútil porque reproduce las decisiones de dotación de un contexto que ya no es el actual.
Dirigir: lo que no se puede delegar
Casi todo el trabajo de un mando puede delegarse, y la lista de lo que no puede es corta: la definición de la prioridad, la valoración del desempeño de quienes dependen de él y la comunicación de una decisión desfavorable. Delegar cualquiera de las tres no distribuye trabajo, traslada una responsabilidad que después nadie puede ejercer. El resto —la ejecución, el seguimiento, la relación con otras áreas— se delega tanto mejor cuanto más explícito sea el criterio con el que se toman las decisiones, y ahí está el límite real: no se puede delegar aquello cuyo criterio no se ha llegado a formular.
El acompañamiento individual a quien asume esas responsabilidades por primera vez tiene su propio tratamiento en coaching ejecutivo, con la distinción entre lo que esa figura puede aportar y lo que se le atribuye sin fundamento.
Controlar: el efecto de medir
Medir no es un acto neutro sobre lo medido. En cuanto un indicador se vincula a una consecuencia —retribución, valoración, presupuesto— el comportamiento se reorienta hacia el indicador y no hacia el objetivo que pretendía representar. El caso escolar es el tiempo de resolución en atención al cliente: cae de forma sostenida y las incidencias reabiertas suben, porque cerrar rápido y resolver son dos cosas distintas y solo una se está contando. De ahí dos reglas prácticas: ningún indicador aislado debe llevar consecuencia, y todo indicador de volumen necesita al lado uno de calidad que lo contradiga.
Cuando la medición se aplica a la propia función de personal, la revisión sistemática de sus procedimientos está en auditoría de recursos humanos, y el enfoque de la revisión externa en la auditoría como instrumento de gestión.
Comparar con otros: alcance y límite
La comparación con organizaciones ajenas es útil para descubrir que un procedimiento propio es innecesariamente costoso, y engañosa cuando se usa para fijar un objetivo. Un dato de otra empresa incorpora su tamaño, su convenio, su tecnología y su historia, y ninguno de esos factores viaja con la cifra. Lo comparable son los procesos, no los resultados: cómo se hace algo admite traslado, cuánto cuesta hacerlo casi nunca. El desarrollo está en benchmarking, y la discusión sobre el valor de las personas como activo —y sobre lo que esa metáfora contable esconde— en capital humano.
Los dos sumideros: reuniones y proyectos
El tiempo directivo se consume en dos sitios. Las reuniones sin decisión pendiente Cuando la decisión hay que presentarla: cómo se hace una presentación ejecutiva., que se convocan por calendario y no por necesidad; y los proyectos con doble dependencia, donde alguien responde del resultado ante una dirección y de las personas ante otra. Ambos problemas tienen la misma raíz: una responsabilidad que no se ha atribuido a nadie en concreto y que por eso se reparte en forma de tiempo. El segundo caso, con el conflicto de autoridad que genera, está descrito en la descripción del puesto de gerente de proyectos.
Sobre las reuniones cabe una prueba sencilla antes de convocar: escribir en una línea qué decisión queda pendiente y quién la tomará. Si la línea no se puede escribir, lo que hay no es una reunión sino una puesta al día, y una puesta al día se lee. La regla no ahorra reuniones por sí sola, pero convierte la convocatoria en una decisión consciente en lugar de una costumbre del calendario, y ese cambio es el que reduce el número.
El conjunto de intervenciones planificadas para modificar cómo funciona una organización —estructura, procesos y pautas de relación a la vez— tiene su propio tratamiento en desarrollo organizacional, que es también donde se explica por qué esas intervenciones fracasan cuando se emprenden sin haber resuelto antes la decisión de agrupación con la que empieza esta página. El orden importa: ninguna intervención sobre las pautas de relación compensa una estructura en la que dos personas responden de lo mismo.
Entradas de esta sección
9 entradas. Cada una indica sus fuentes y la fecha de su última revisión, y ofrece una referencia lista para citar.
- 01 Capital humano El origen económico del concepto, por qué no figura en el balance, qué se mide en la práctica y qué indicadores resisten un examen serio.
- 02 Por qué falla la estructura y el organigrama Qué puede y qué no puede hacer un organigrama, los cinco fallos habituales de diseño, la estructura informal paralela y cómo se revisa.
- 03 Auditoría administrativa Los tipos de auditoría y en qué se distinguen, qué examina la administrativa, sus fases, el vocabulario técnico y sus límites.
- 04 Auditoría de recursos humanos Qué se examina y contra qué patrón, las seis áreas revisables, qué cuenta como evidencia, el muestreo y el informe con seguimiento.
- 05 Benchmarking Los cuatro tipos según el referente, el proceso paso a paso, el problema central de la comparabilidad y la cautela del dato salarial por grupo.
- 06 Coaching ejecutivo Qué es y qué no es, qué encuentra la investigación y con qué reservas, cuándo no tiene sentido y cómo se examinan credenciales sin regulación.
- 07 Liderazgo femenino Qué dice la evidencia sobre el estilo, el doble vínculo, el acantilado de cristal, dónde se filtra el sesgo y qué medidas funcionan.
- 08 Mensajería instantánea en la empresa Qué canal para qué asunto, cómo se escribe, horario y desconexión digital, qué margen de control tiene la empresa y cómo se organizan los canales.
- 09 Presentación ejecutiva Por qué se empieza por la conclusión, qué contiene el resumen ejecutivo, cómo se presentan los datos y qué hacer cuando interrumpen.
Documentos de trabajo
Modelos de cartas y documentos y descripciones de puesto, con el marco legal que afecta a cada uno en España.
Datos
Paro, coste laboral y salarios en España, con la tabla del INE de origen señalada en cada serie.
Normativa
Seguimiento del BOE: disposiciones laborales publicadas, agrupadas por su epígrafe oficial.
Preguntas frecuentes
¿Qué distingue estas entradas de un manual de liderazgo?
Que describen mecanismos en lugar de exhortar. Donde un manual recomienda comunicar mejor, aquí se señala qué cambia cuando quien dirige la reunión devuelve la palabra a quien fue interrumpido, o qué ocurre con una decisión que nadie ha puesto por escrito. Lo que no tiene mecanismo comprobable no aparece.
¿Sirven a quien dirige un equipo por primera vez?
Es el caso para el que están escritas. Las tres situaciones que más rápido deterioran un equipo nuevo son la conversación de desempeño que se posterga, el reparto de trabajo que nadie explica y la decisión que se comunica a medias. Las tres tienen entrada propia, y ninguna se resuelve con actitud.
¿Por qué se insiste tanto en medir?
Porque medir no es un acto neutro sobre lo medido: lo que se mide se optimiza, incluidos los efectos que nadie quería. De ahí que la pregunta útil no sea qué indicador añadir, sino qué conducta produce el indicador que ya existe. Varias entradas parten de esa distinción.
¿Dónde acaba la gestión y empieza recursos humanos?
En la práctica se solapan y aquí la línea es de destinatario: esta sección trata lo que decide quien dirige, y el índice de recursos humanos trata los procedimientos que sostienen esas decisiones —el puesto descrito, la valoración, la banda salarial—. Una decisión de gestión sin ese soporte documental se toma sobre un supuesto.