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Existen organizaciones cuyo personal (en especial sus
ejecutivos y gerentes) vive perennemente de reunión en reunión.
Tanto es así que si se pregunta por un determinado gerente de un departamento o área la respuesta probable será: “Ahora
mismo el señor Fulano de Tal está reunido”.
Sin embargo, surgen las siguientes interrogantes ¿Son
necesarias la realización de tantas reuniones? ¿Se logran alcanzar las metas
con ellas? o, por el contrario, ¿Tantas reuniones repercutirán de forma adversa
en la productividad de la empresa?
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Es cierto que las reuniones son necesarias para el correcto
funcionamiento de una organización. Incluso, se puede señalar que existen tres
razones para que un grupo de personas se reúna:
- Crear un foro: es una oportunidad para que gentes con
distintos valores, ideas y experiencias compartan sus puntos de vista y
aprendan cada una de la otra;
- Tomar decisiones: para resolver un problema o definir una
estrategia consensuada en línea con la organización; y
- Formar un equipo: desarrollar las capacidades interpersonales de
un grupo para alcanzar unos objetivos de forma colectiva.
Sin embargo, pocas reuniones se ajustan con rigor a estas
razones. La mayoría obedece al proverbio que afirma: «Una reunión es un comité
de expertos, cada uno de los cuales no puede hacer nada por su cuenta, pero que
se juntan para decidir que no pueden hacer nada en conjunto».
¿Por qué ocurre la reunionitis?
Según varios especialistas, esta situación pudiera estar
íntimamente conectadas con la cultura organizacional y el estilo de mando implantados, por los
dirigentes de la empresa que se refleja en el comportamiento de todos los que
están por debajo a todos los niveles. Esa cultura condiciona la eficacia de las
reuniones y puede hacerlas fracasar.
Un ejemplo es aquella reunión organizada por un jefe dictatorial
que quiere hacer creer a sus subalternos que es un jefe democrático y que está
dando la oportunidad de intercambiar ideas y puntos de vistas con ellos cuando
la realidad es otra y lo que quiere es decir sólo su decisión y lo que hay que
hacer.
En otros casos, hay
organizaciones cuya máxima prioridad es «no cometer un error jamás» y,
aunque el propósito de convocar una
reunión pueda ser
el intercambio abierto de información, el objeto real es «buscar los
culpables de los errores». Conocida esa implacable persecución, los
participantes de una reunión estarán más preocupados por preparar sus
justificaciones que por buscar y brindar soluciones haciendo de esta reunión
sea un total fracaso.
Siete consejos para que las reuniones funcionen
A continuación se presenta una serie de recomendaciones que
tiene como objetivo lograr que una reunión sea productiva y eficiente.
Determine si es necesaria una reunión: Es importante preguntarse, antes de convocar
una reunión, si se requiere verdaderamene, ya que, tal vez, con sólo enviar un
par de correos electrónicos se puede encontrar una solución a un problema
Seleccione la gente adecuada: Procure sólo convocar los
expertos en la materia; los que tienen poder de decisión; los que tendrán la
responsabilidad de ejecución y nadie más.
Establezca el objetivo y ajústese a él: No permita que los
participantes se desvíen del tema principal.
Prepare la reunión Facilite previamente a los participantes
toda la información necesaria.
Evite emitir su opinión primero si usted es el jefe. Recuerde que nada que pueda influir más en un
grupo que la decisión de su jefe.
Ajústese al horario: Empiece y termine la reunión en los
tiempos previstos. De lo contrario, la reunión se dilatará hasta ocupar la
totalidad de la jornada.
Revise los resultados sin demora: Conforme a los acuerdos
tomados, asigne tareas a cada uno de los asistentes.
En resumen, el consejo más importante para que su
organización no tenga el «síndrome de la reunionitis», consiste en realizar la
menor cantidad posible de reuniones. Es
decir, entre menos, mejor.
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