Por: Enrique Aliende,
Director General de IFO (Instituto de Formación Online)
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La formación es una herramienta fundamental en el mundo empresarial.
Cada vez son más las empresas que ofrecen formación a su plantilla, con el fin
de contar con trabajadores más cualificados, motivados y en constante evolución
profesional y personal
El estancamiento profesional se traduceirremediablemente en un descenso de la productividad y, por tanto, en pérdidaspara la empresa.
Además, la creciente especialización de los sectores exigetrabajadores con unas destrezas específicas que solamente pueden adquirirse por
medio de un adecuado aprendizaje o una formación concreta.
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Por otro lado, la formación comienza a considerarse como una herramienta
más para conseguir retener el talento en las empresas. Los empleados ya no sólo
valoran su retribución, beneficios sociales, incentivos, etc. los planes de
formación resultan un beneficio personal que puede ayudar a conseguir nuevos
retos dentro de su propia empresa, y por supuesto, un valor que puede suponer
grandes ventajas para conseguir un nuevo trabajo.
Por todo ello, las empresas comienzan a ser conscientes de que deben
valorar la formación de sus empleados como una inversión, y no un gasto, como
se venía considerando hasta ahora. Asimismo, la formación ofrecida por parte de
la empresa suscita en el empleado una mayor confianza en la organización, unido
a un sentimiento de adhesión muy positivo para la empresa, ya que evita la
rotación permanente de trabajadores.
El retorno de la inversión
El ROI o retorno de la inversión de la formación se debe calcular en
función de los beneficios que logra una organización gracias a las mejoras
derivadas de formar a su capital humano. J.J. Phillips, matemático que
desarrolló la metodología para calcular el ROI hace 25 años, establece un
método para conocer el retorno de la inversión aplicado a la formación. Según
su metodología, el ROI sería la rentabilidad obtenida por el dinero invertido en
una acción formativa. Los beneficios económicos que puede obtener la empresa se
miden por el volumen de producción, costes y tiempos.
Si por efecto de la formación de los empleados aumenta el número anual
de unidades producidas, podemos considerar un beneficio económico el margen que
deja a la empresa cada unidad producida multiplicado por el número de unidades
producidas de más. En el caso de que el efecto de la formación disminuyera la
rotación de personal, podemos considerar un beneficio económico el coste de los
procesos de selección que nos hemos ahorrado. Y como última variable posible
para medir el ROI, si gracias a la formación reducimos el tiempo que dedican
los empleados a determinadas tareas administrativas consideradas por la empresa
como no directamente productivas, podemos considerar un beneficio económico el
coste/hora del personal multiplicado por el tiempo reducido.
En definitiva, el ROI de la
formación es algo que existe y que es posible medir, únicamente queda animar a
las compañías a convertir la teoría en práctica y valorar la formación de
personal como una fuente más de beneficios, incorporándola a su planificación
estratégica y, por descontado, a sus presupuestos. Nos encontramos en pleno camino
para conseguir por fin que los recursos económicos destinados a la formación no
se consideren un gasto si no una inversión.
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