Muchas personas al perder su empleo empiezan a notar, al
poco tiempo, que les falta el aire o se siente inútiles. Es decir sufren de ataques de ansie dad y
depresión.
La primera suele darse como resultado de cierta dificultad
a la hora de adaptarnos a los cambios que se van produciendo en nuestra vida. En ese caso, quedarse sin empleo.
Se encuentra relacionada con el miedo al futuro y con el temor a cosas que
pueden pasar. En este sentido, muchas personas con ansiedad debido a la
pérdida de empleo se pregunta “Podré encontrar trabajo nuevamente?”.
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A nivel físico, se
puede observar que estas personas sienten palpitaciones, sudoraciones, mareos,
sacudidas, nauseas, irritabilidad sin motivo, sensación de irrealidad. .. Y por
supuesto, miedos: a perder el control, a hacer daño a algún ser querido, miedo
a tener alguna enfermedad, a morir, miedo a tener otra crisis de ansiedad, a
estar en espacios abiertos o cerrados, etcétera.
La depresión, por otro lado, está más vinculada con culpas
del pasado, y aunque son diferentes,
muchas veces van de la mano. En la depresión la persona afectada se torna
apática (pierde el interés por todo). Incluso,
se considera incapaz de brindar amor o afecto, lo cual aumenta aún más sus
sentimientos de culpa. "Si hubiera actuado de diferente manera conservaría
mi trabajo...".
En ambos casos la persona que ha quedado desempleada sufre
una increíble pérdida de estima hacia sí misma. Pierden la sensación de ser
dignos, de ser felices, etc.
Hay que recordar que la calidad de vida no está determinada
al cien por cien por lo que nos ocurre, sino por lo que hacemos ante lo que nos
ocurre. Nuestro estado mental, como la mayor parte de lo que sucede en el
interior de nuestra mente, puede ser dominado por uno mismo.
Se requiere cambiar el punto de vista de la crisis, ya que
ésta puede representar oportunidades.
Por ello, es importante la apertura de la mente e ideas. Es necesario aprender a adaptarse, deshacerse
de creencias limitantes, buscar nuevas opciones, liberarse de miedos...
Es lógico que la reacción inicial sea de temor, pero una vez
asimilada la idea lo más inteligente es darle la vuelta y aprovechar el tiempo.
En este sentido, se puede procurar preparación o
actualización académica sobre la propia profesión (conocimiento de sistemas
operativos, Internet, etc) o en algo totalmente distinto que permita ampliar
las posibilidades de incluso establecer un negocio propio que podrían abarcar jardinería,
turismo rural, artesanía (talla, marroquinería, relojería, cerámica, entre
otros) y carpintería (ebanistería, tapicería, embarcaciones de madera,
acabados, etc.).
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